“SARAMPIÓN, EL COSTO DE ABANDONAR LA PREVENCIÓN”: NOEMÍ LUNA

La reaparición del sarampión en México representa uno de los mayores retrocesos en materia de salud pública de las últimas décadas. Se trata de una enfermedad que había sido erradicada y que hoy vuelve a cobrar vidas, especialmente entre la niñez mexicana, pese a que puede prevenirse mediante la vacunación.

Quiero alertar sobre la grave situación que enfrentamos en Zacatecas, donde durante 2026 ya se registran 120 casos de sarampión y cuatro defunciones, convirtiéndose en la entidad con más fallecimientos por esta infección viral.

Además, el acumulado estatal desde el 2025 asciende a 142 pacientes, de acuerdo con el Informe Diario del Brote de Sarampión en México 2026 del Gobierno de la República.

Estas cifras obligan a las autoridades sanitarias a actuar de inmediato. La razón es evidente: el sarampión es uno de los virus más contagiosos que existen. Mientras una persona con Covid-19 podía infectar, en promedio, a cuatro individuos, un enfermo de sarampión lo transmite hasta a 15 personas.

Resulta lamentable que esta epidemia haya comenzado en febrero de 2025, después de tres décadas sin casos autóctonos en México. Su regreso demuestra que una parte importante de la población ya no cuenta con la protección necesaria para impedir su propagación.

La disminución de la vacunación abrió nuevamente la puerta a un virus que se consideraba controlado. Más preocupante aún es que casi la mitad de los enfermos y fallecidos corresponde a menores de siete años, es decir, niñas y niños nacidos durante los gobiernos de Morena, precisamente cuando se registró una de las mayores caídas en los índices de vacunación infantil.

Durante décadas, México fue ejemplo internacional en materia de prevención. Las brigadas de salud llegaban a comunidades y hogares para garantizar que ningún menor quedara sin protección.

Ese modelo fue debilitado y hoy observamos las consecuencias.

Morena prometió un sistema de salud como el de Dinamarca. La realidad es que hoy enfrentamos el regreso de enfermedades erradicadas, deficiencias en la atención médica y una preocupante caída en la vacunación infantil.

La lección es clara: la salud pública no puede ser reactiva. Vacunar cuesta menos que hospitalizar y, sobre todo, salva vidas. Es momento de recuperar la cultura de la prevención y proteger el futuro de nuestras niñas y niños.

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